
La industria azucarera surge en el valle geográfico del Rio Cauca a comienzos del siglo XX. En sus inicios su avance fue lento. Es hacia la segunda mitad del siglo, más exactamente a partir de los años sesenta, que se aprecia su vertiginoso desarrollo. A ello contribuyeron las condiciones geográficas y sociales que facilitaron el avance tecnológico.
Es importante rescatar que la industria azucarera del Valle del Cauca cuenta con 13 de los 15 ingenios existentes en el país. También se dice que “el impacto del sector azucarero sobre la actividad productiva nacional y regional esta en 1% del PIB nacional, 6% del PIB del departamento del Valle del Cauca y 43% del PIB agrícola del mismo” .
En la década de los 90 el país atravesó una de las peores crisis de su historia. En el sector agrícola, los cultivos transitorios cayeron de manera dramática, al tiempo que los permanentes crecían, así en años recientes se hubieran visto negativamente afectados.
La industria azucarera vallecaucana, debe su posición tanto a su organización industrial como a sus excepcionales ventajas comparativas frente al resto del mundo y al posible ingreso de nuevos participantes al mercado.
“Actualmente se producen en Colombia alrededor de dos millones seiscientas mil toneladas anuales de azúcar, de las cuales se exporta cerca del 50%. La industria azucarera colombiana se encuentra ubicada en el valle geográfico del Río Cauca, en la zona sur occidental del país. En este valle como condición excepcional compartida únicamente por Hawái y la zona norte del Perú, se presentan pronunciadas diferencias climáticas entre el día y la noche, condición necesaria para la concentración de sacarosa en la caña. Esta condición privilegiada permite moler caña y producir azúcar a lo largo del año, a diferencia de lo que ocurre en las demás zonas cañeras del mundo, en las cuales la cosecha de caña dura entre cuatro y seis meses. Como consecuencia, los costos fijos de inversión en fábrica, equipo de campo y capital de trabajo por tonelada de caña producida, son la mitad y hasta la tercera parte de los existentes en el promedio de las zonas cañeras del mundo. Lo anterior y la notable fertilidad de los suelos, hacen de la industria azucarera colombiana una de las cuatro más eficientes del mundo, incluida la producción de azúcar de remolacha” .
Para muchos colombianos, los corteros de caña eran seres invisibles, imperceptibles y por lo tanto no merecían atención ni mucho menos tener voz o voto en una sociedad indiferente como la colombiana. Pero sólo hasta septiembre de 2008 cuando ellos decidieron luchar por el respeto a sus derechos, la sociedad notó que eran personas iguales, de carne y hueso y con necesidades que satisfacer, pero que vivían en condiciones de explotación.
Sin embargo, gracias al inmenso poder de la industria azucarera, su protesta se vio opacada aludiendo a supuestos sueldos de hasta 1.5 millones de pesos, cuando en realidad la mayoría de ellos no alcanzaba a devengar ni siquiera un mínimo legal vigente.
Por tales razones los corteros dieron una lucha de 54 días. Si bien no lograron su cometido por completo, si alcanzaron a hacer que la cuantía pagada por una tonelada de caña cortada subiera de 5700 a 6100 pesos, que realmente son una miseria, pero que para estos humildes trabajadores, es un gran “aliciente”.
No obstante la tarea de un cortero va mas allá del corte de caña. Su jornada inicia a las 4 de la mañana cuando se levanta para arreglar sus implementos. A las 5 aproximadamente sale a la orilla de la carretera en la mayoría de los casos, para esperar el transporte que tarda entre 60 y 90 minutos en hacer su recorrido. Ya instalados en los ingenios, comienza su ardua labor del corte de caña. Largas jornadas de machetazos, heridas, insolaciones y en ocasiones ataques de animales internados en medio de los cultivos, hacen parte de la vida real de un cortero.
Según los mismos corteros, las mayores afecciones de salud a las que pueden estar expuestos son: las cortadas accidentales en brazos y canillas, los lumbagos y lo que por sus permanentes visitas al medico ya se han aprendido de memoria: problemas de túnel del carpo, epicondilitis, manguito rotador y columna. Todo lo anterior pese a las indignas jornadas laborales, ASOCAÑA afirma que “un cortero sólo trabaja 7.8 horas al día” , mientras que los corteros aducen trabajar siete días a la semana bajo el sol inclemente del Valle del Cauca, según ellos, con jornadas hasta de 12 ó 13 horas.
Los corteros De Caña Del Valle Del Cauca, ¿Trabajadores o esclavos?
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